La Bodega de Quintín es fruto del trabajo de un gran equipo, implicado desde el principio en este proyecto que rinde homenaje al abuelo Quintín, un carismático viticultor de la zona y última generación de la familia García que trabajó en las bodegas situadas bajo el hotel.

Actualmente, es Irene García, nieta de Quintín, quien continúa ese legado. Irene es una joven emprendedora, tercera generación de esta familia dedicada desde hace años a la cultura vitivinícola, que ha pausado por el momento su carrera profesional para seguir adelante con este nuevo reto.

Irene ha convertido las bodegas del siglo XVIII en las que trabajaba su abuelo Quintín en un hotel rural único, acogedor y cargado de valor sentimental, artístico y patrimonial.

La Bodega de Quintín ofrece hoy en día un auténtico viaje al pasado. Permite descubrir la tradición y la esencia rural de hace más de 300 años.